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Argentina

Los herederos y compradores de esta biblioteca personal se dieron cita en la Biblioteca Nacional este mediodía para concretar lo que ya habían expresado en la Carta de intención firmada en febrero de este año.

Los herederos y compradores de esta biblioteca personal se dieron cita en la Biblioteca Nacional este mediodía para concretar lo que ya habían expresado en la Carta de intención firmada en febrero de este año.

Los 17.000 ejemplares que pertenecieron a Bioy Casares y Ocampo, además de los libros que dejó Borges en esa casa a la que acudía a diario, acaban de ser donados por un grupo de personas que hicieron posible que estas joyas salieran a la luz y con el tiempo puedan también estar a disposición del público para su consulta.

El director Alberto Manguel abrió la conferencia agradeciendo a todos y cada uno de los donantes, a los herederos, al ministro Pablo Avelluto –presente en el acto y sentado a su lado–, y, por supuesto, a todos los que colaboraron para que esto fuera hoy una realidad.

Manguel se refirió a la importancia de la donación explicando que “una biblioteca personal está organizada según el capricho, la imaginación, los sueños de un individuo que colecciona lo que le interesa, por curiosidad, casualidad, por un intento de estudiar ciertas áreas de la cultura. Esta biblioteca representa algo precioso: la inteligencia unida de estas dos personas, Bioy y Silvina, lectores por excelencia que supieron coleccionar libros que a su vez incorporan los fantasmas de otros lectores, el más importante Borges, y otros fantasmas también, los de los antepasados de Bioy, tan vinculados con el campo argentino, y los de la infancia de las hermanas Ocampo". Agregó además que "se trata de un material valiosísimo para los investigadores que podrán reconstruir la historia a través de esos libros, escritos y papeles", y que "la Biblioteca Nacional tiene la misión de preservar, catalogar y conservar todo esto para las próximas generaciones, porque es nuestro deber hacerlo".

A continuación, el ministro Avelluto dijo que “esta biblioteca, probablemente se hubiera perdido. Forma parte del paisaje que rodeaba a Bioy Casares y a Silvina Ocampo y gracias a esta donación, vamos a poder entrar en la biblioteca de escritores de esa talla y reconstruir sus lecturas, las relaciones con los libros y los mundos que los construyeron a ellos, ya que la construcción de esta biblioteca es la formación de lectores muy especiales”. Y agregó: “Desde que la idea de la donación comenzó a tomar forma, estábamos preocupados de que no se perdiera este acervo de la literatura. Queremos que la Biblioteca Nacional sea la mayor fábrica de lectores del país, y esta donación es un paso enorme en esa dirección. Esta Biblioteca y este Ministerio se los agradecen de todo corazón”.

Las más de 300 cajas reúnen varias bibliotecas: la de Adolfo Bioy Domecq y Martha Casares Lynch, la del matrimonio de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo y la de Jorge Luis Borges. Entre sus volúmenes se encuentran primeras ediciones, tanto de estos escritores como de otros autores destacados, así como ejemplares anotados y libros raros o antiguos. La semana pasada el director Alberto Manguel fue a ver las cajas y contó al público que no pudo evitar emocionarse: “estaban allí los libros que yo había visto en esa casa a la que Borges me llevaba a cenar”, dijo, recordando la época en la que Manguel leía por las tardes al escritor ciego.

Ernesto Monteguín, quien ha cuidado durante años esta biblioteca, y Germán Álvarez y Laura Rosato, investigadores de la Biblioteca Nacional y ambos directores del Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis Borges, se refirieron al contenido de las cajas. Coincidieron en que se trataba de “un universo privado donde ellos vivían, leían, escribían. En esta biblioteca el valor es lo que se pueda descubrir de sus dueños, en esta caso, tres de los mayores escritores del país” –explicó Montequín–, incluyendo a Borges también.

Los libros contienen notas, chistes, verdaderos juegos de palabras que hacían entre ellos, especialmente entre Bioy y Borges. El verdadero valor de todo esto se acrecentará con la investigación y la dedicación de quienes trabajen con estos materiales, primero en su puesta a punto y preservación, pero luego, será un trabajo inconmensurable, como aclaró Laura Rosato: “el potencial de investigación que tiene esta colección es infinito, tiene tantas miradas como lectores vaya a tener. Desde 2012 que estamos trabajando en esta donación y logramos la articulación entre entidades privadas, particulares y el Estado. Desde principios del siglo XX que no sucedía una gran donación como esta. Es una buena forma de demostrar que los libros no se vayan a bibliotecas del exterior. Ojalá sea una semilla que germine y enriquezca el patrimonio cultural”.

Los donantes que hicieron posible esta incorporación al acervo de la Biblioteca Nacional son Ricardo Torres y Sandra Sakai, Banco Galicia, Anna y Marina Gancia, Banco Hipotecario, Eduardo y Mariana Elsztain, Fundación Bunge y Born, Marcela Zinn, Fundación Páremai Fractal, Alejandro Stengel y María Cecilia Bullrich, y José María Malbrán.

Es importante también destacar el trabajo pro bono del estudio Marval, O'Farrell & Mairal y de la Escribanía Caturegli, y del comité que colaboró con Verónica Viel Temperley (fundraiser de la Biblioteca Nacional) en la búsqueda de fondos: Hernán Caballero, María Noel, Juan José Güiraldes, Héctor Arzeno, Leonor Ortiz Elissetche y Julián Harguindey.