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Revista Protagonista

El 10 de Julio de 2016 entró en vigencia, por resolución de la Organización Marítima Internacional (organismo especializado de las Naciones Unidas), una normativa que prometía generar un cambio radical en el Comercio Exterior. La regla que define la obligatoriedad de declarar en el bill of lading el peso exacto de la masa bruta de los contenedores, por parte de los forwarders y agentes responsables, implicó una tensión visible entre los entes públicos y privados del sector marítimo y fluvial.

El 10 de Julio de 2016 entró en vigencia, por resolución de la Organización Marítima Internacional (organismo especializado de las Naciones Unidas), una normativa que prometía generar un cambio radical en el Comercio Exterior. La regla que define la obligatoriedad de declarar en el bill of lading el peso exacto de la masa bruta de los contenedores, por parte de los forwarders y agentes responsables, implicó una tensión visible entre los entes públicos y privados del sector marítimo y fluvial.

A partir del enorme número de accidentes acontecidos por exceso de carga es que se definió que hoy en día ningún contenedor pueda ser embarcado sin la certificación de su peso, evitando riesgos de mala estiba, entre muchos otros. Esta resolución afecta a gran parte de los actores implicados en el sector portuario, marítimo y fluvial, definiendo el accionar de agencias marítimas, terminales portuarias, forwarders, etc. 

Esta normativa se adhiere al convenio SOLAS que vela por la seguridad de la vida humana en el mar y, aunque fuertemente resistido por diversas entidades (mayormente europeas y asiáticas), su determinación se declaró necesaria teniendo en cuenta lo sucedido en los accidentes del MSC Napoli (2007) y el MOL Confort (2013).

Los mayores problemas a los que los entes implicados deben enfrentarse en consecuencia a esta normativa son de carácter logístico, lo que implica generalmente sobrecargos en los gastos del practicaje. Desde el punto de vista técnico, el control que se requiere lleva tiempo, lo que vuelve tardíos a los procesos que hasta aquel momento se hacían con mayor agilidad. Sin embargo la mayor dificultad surge a la hora de contar con las herramientas adecuadas y el capital humano calificado para esta tarea, lo que genera aún hoy mayores repercusiones en los diferentes puertos de América Latina.

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